Por Alejo Carpentier Rondan por tu cielo halcones, que precipitarse quieren sobre tus rojos tejados, tus calles, tu brava gente. Rafael Alberti (Romancero de la guerra de España) Nuestra primera noche en Madrid fue relativamente tranquila. No salimos del hotel, ya que Corpus Barga nos advirtió que estábamos en “ciudad en estado de guerra” y que no era oportuno hacerlo después de las nueve, mientras no tuviésemos nuestros salvoconductos debidamente extendidos y legalizados... A las seis de la mañana fuimos despertados por un cañoneo intenso aunque lejano y por algunas salvas de ametralladora. Pero ya las tinieblas de una noche más —¡cuántos dirán en Madrid: “ha pasado una noche más”!— se habían disipado ante el sol espléndido que tiñe de oro los celajes de la meseta castellana. Ya podíamos emprender el segundo descubrimiento de una ciudad transfigurada por la lucha. En su aspecto meramente humano, el despertar de Madrid se asemeja al despertar de cualquier urbe ...
Una margarita crece en el asfalto... (Imagen: Flickr ) Por Mario Ernesto Almeida Las primeras veces que me adentré en las estrechas calles de La Habana Vieja, tuve miedo. Uno es muy miedoso… e ingenuo. Con las turbulencias crecientes de los tiempos, la sensación quizás se alimenta, aunque resulta más probable que la costumbre la haga mutar y de pronto, de tanto andar las callejuelas de marras y recibir a sobreprecio hasta las sonrisas, de tanta espuela que la vida te pule, en vez de miedo sientas desesperanza y la desesperanza no es otra cosa, desde mi modesto punto, que un estatus sobredimensionado de la soledad. Durante una de estas grisáceas tardes de invierno, tuve que salir en busca de medicamentos. Necesitar pastillas, de entrada, nunca es bueno y el acto de su captura, con aquello de «no, mi niño, están en falta», le da a la empresa un agregado de incertidumbre y molestia. En efecto, en la farmacia que correspondía no encontré ninguno de los «ant...