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| Venezuela cae ante Brasil... sin bajar la cabeza. Imagen: EFE |
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Brasil gana a Venezuela y no es noticia. Tres por cero, goleada, ¡Viva Neym…!
«Partido más que tranquilo para Brasil», dice quien narra y a unos pocos nos va pareciendo –¡qué amargo, tú– que el perdedor no tiene historia.
Perder frente a Brasil no es caer por tres tantos. Perder, en el fútbol de los años que corren, parece cuestión resuelta antes de que inicie el juego. Perder es simplemente enfrentarse a la Canarinha y que tu delantero sea el hombre del Caracas o que tu lateral derecho milite en la segunda división del Málaga y que el grueso de tu equipo sea un poco más de eso mismo, diseminado por este costado del mundo, en las ligas de México, Colombia, Estados Unidos o Chile.
Venezuela perdió contra Brasil pero podríamos decir también que el Deportivo La Guaira perdió contra el Manchester City o que el América de Cali cayó ante el Paris Saint Germain o que el Mazatlán fue goleado por el Real Madrid.
En los highlights, al menos en esos que ocupan las primeras páginas de los buscadores, los pocos que al parecer «existen», no aparecen las caras de perros de pelea de los futbolistas Venezolanos jugando de tú a tú, de bestia a demonio, contra una de las primeras líneas futbolísticas del mundo; de bestia a demonio con la bestia amarrada y el demonio suelto, fresco, nutrido y, por si fuera poco, con magia negra entre las manos –es decir, los pies–, como todo demonio bien parado que se respete.
Al olvido queda la elegancia del defensa, elegancia de rostro y porte, para derribar al delantero del Brasil o el coordinado giro, fluido, casi como de danza contemporánea de otro defensor, para que la mano en área mano no fuera y, en efecto, mano no fue.
Es la cara de perro lo que vindica al Venezuela, su voluntad de gritar «tú no eres más que yo» aunque en realidad «lo seas, sí, y de qué forma».
¡Pero de qué forma, al mismo tiempo, «te enfrento yo sin mis primeros nombres y te tumbo, perro, te tumbo! Te me vas a ir y te tumbo, vas a meter gol y te tumbo, vas a hacerla bonita y te tumbo. El hombre andino no se permite ser carne de cañón para sublimidades ajenas. “Viva Neym”, dirán los diarios apenas todo acabe pero tu gol y el tuyo y el tuyo… en lo que a mí respecta, será el más feo de los goles o tendrá tantas comillas en torno como el más descarado de los penales. Lo siento, brasilero, mil perdones: bestia enfrenta a demonio; bestia muere, pero demonio paga».
«Lo siento, brasilero, mil perdones; lamento romper tus planes; lo sabes, lo sé, lo sabemos: el mundo esperaba mucho más y mejor mucho que un mísero tres a cero de demonio contra bestia».
En cuanto a nosotros, los del lado de acá de la pantalla, cada día nos parecemos más a quienes, puede que desde atrás de cualquier piedra, presenciaron el combate de Goliat contra David, con ansias de que el gigante hiciera trizas al pequeño. Porque le vamos al gigante, sí, al que más puede, al que no pierde y nos desentendemos, cada vez de manera más definitiva, de la épica, nunca menos mágica, del que todas las tiene para fracasar.

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